CARROS Y LEYENDAS

TRASLADO DE DIFUNTOS

carro de terracota en Mohenho Daro
Carro de terracota en Mohenho Daro
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Son frecuentes en las distintas culturas de la antigüedad desarrolladas en el Próximo Oriente las alusiones al traslado de los difuntos hasta su última morada. Textos cuneiformes del III milenio narran una fiesta en Capadocia en la que al cuarto día, al amanecer, el sacerdote de la ciudad de Hanhanna engancha los bueyes al carro de dios (...). . En el mismo contexto geográfico de la península de Anatolia el dios hitita de la tormenta, Teshub, viajaba montado en su carro, de ruedas muy primitivas, tirado por dos bueyes sagrados Sheri y Urri (Día y Noche). 1. Episodios semejantes se citan en el Antiguo Testamento: el rey Iosías es trasladado en un carro desde Meguido a Jerusalén: Sus servidores pusieron el cadáver en su carro, en Meguido, y lo llevaron a Jerusalén; y lo enterraron en su tumba... (2Re 30). En Egipto está ampliamente documentado el empleo de carros tirados por bueyes para arrastrar el catafalco de la momia. Las pinturas de las tumbas reales de Tebas así lo testifican. A veces los mismos carros empleados en la conducción del difunto o reproduciones en miniatura aparecen enterrados junto al cadáver o grabado en estelas fúnebres que marcan la existencia de tumbas. Los carros votivos son comunes en Centroeuropa y como ya citamos anteriormente tenemos constancia de un hermoso ejemplar en Costa Figueira (Portugal).

TRASLADO DE SANTOS

Las leyendas medievales recurren a él para explicar acontecimientos que justifiquen la presencia de santos de un determinado lugar. Así, San Rosendo fue bautizado en San Miguel de Celanova porque fue en este lugar donde rompió la rueda del carro que transportaba la pila bautismal y el cuerpo de Santa Eufemia acabó en la Catedral de Ourense porque allí la llevaron dos bueyes bravos yuntados a un carro desde la frontera portuguesa, entre las sierras del Xurés y del Quinxo (Ourense): al ser hallado surgió un conflicto entre gallegos y lusitanos, ya que ambos querían para si los sagrados restos. En buen acuerdo, decidieron que la suerte decidiese y, para ello, pusieron el cuerpo en un carro, al que yuntaron dos bueyes bravos y los dejaron marchar libremente. Los animales caminaron hasta que se detuvieron a la entrada de la ciudad de Ourense, siendo recogido allí el cadáver y trasladado a la S.I. Catedral, donde se venera actualmente.2.

 

De la misma manera han de ser dos bueyes tirando de un carro quienes diriman las disputas entre pueblos vecinos para levantar la ermita que custodie la imagen de la Virgen de la Franqueira y serán nuevamente los bueyes bravos de la reina Lupa los encargados de trasladar el cuerpo del apóstol Santiago una vez que este llegue a Padrón por vía marítima.

El carro también es protagonista en la construcción de ermitas en los más recónditos e inaccesibles lugares. La leyenda popular cuenta que San Mamede fue eremita en la cumbre de la sierra que hoy lleva su nombre y allí construyó una ermita. Para llevar la piedra se sirvió de un carro tirado por dos corzos y como el lobo comió uno de ellos el santo lo castigó a recoger piedra haciendo yugada con el corzo que quedó vivo3.

Traslado do corpo do apóstolo Santiago
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ACARREO DE ORO

Son varias las leyendas que vinculan el carro con el oro, para transportarlo o para descubrirlo. En un carro de oro transportaban los criados de don Álvaro Álvarez de Ulloa la comida a la mesa de su señor en la fortaleza de san Tomé de Felpós (Palas de Rei). En el mismo ayuntamiento, en el lugar de Rumín, encontró el cura de la parroquia una arca de oro escondida en una cámara funeraria y se sirvió de un carro tirado por dos bueyes para llevarla hasta su casa. Tanto pesaba que las roderas por donde pasó quedaron marcadas en los caminos por mucho tiempo:

Os devanceiros puxeron entre os seus acordos (...) que en tempos xa ben afastados e mesmo intestimuñables había na fortaleza de Felpós gobernada polo golfín Alvaro Alvarez de Ulloa e destruída polo arcebispo Berenguel de Landoira un fermoso carro de ouro, que empregaban os seus criados para levarlle a comida á mesa ós seus señores, ós que eles prestaban servizo en armas e de servidume nesta moradía"4

 

En la imaginación popular permanece la idea de que los castros ocultan verdaderos tesoros y para ponerlos al descubierto no hay nada como valerse del paso continuado de los carros:

Sabido é que non existe en Galicia un só castro no que non haxa un tesouro; este consiste a veces en dúas trabes ou vigas, unha de ouro e outra de alcatrán ou veleno. É frecuente que a trabe de ouro deba ser posta ó descuberto polas rodas dun carro ó ir profundizando as carrilleiras, entón o que leva o carro pasa a ser dono do tesouro"5.

 

TRADICIONES

En tiempos especialmente señalados en la cultura popular como la noche de san Juán o los días de carnaval era costumbre hacer todo tipo de trastadas: quitar una cancilla, echar hormigas, tiznar las caras, tirar farelos y cambiar objetos de sitio son prácticas habituales. El carro era uno de los aperos preferidos por los mozos. Lo sacaban sigilosamente de los pajares y atrancaban con él un camino, lo echaban a rodar por el monte, lo ponían ruedas arriba o, los más esforzados, no tenían reparo en empujarlo hasta el atrio de la iglesia. En las Teixugueiras (Cartelle, Ourense), el recorrido que realiza el carro del Meco cada martes de carnaval recuerda el linchamiento que los vecinos hicieron del enviado del rey que había llegado a la localidad a cobrar las rentas una vez que había expirado el plazo estipulado en el contrato foral de la “vida de tres señores reis”.

 

1 http://mitotaurico.blogspot.com/
2
LORENZO FERNÁNDEZ, X. O carro no folclore de Galicia. Museo do Pobo Galego, páx. 41
3 RIVAS QUINTAS, E. Serra de San Mamede. Ourense, 1993. Páx. 47
4
OTERO CEBRAL, X.L O Carro en Galicia, 1994. Ed. Deputación Provincial de Lugo. Páx. 156
5
LORENZO FERNÁNDEZ, X. Op. cit. Páx. 40